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De cómo un exclusivo hotel de 5 estrellas se convierte en un chiringuito de playa [por falta de copywriting]

O de cómo el copywriting es clave para que tu mensaje y tu producto vayan a la par.

Antes de empezar y para evitar suspicacias, que quede claro que me encantan los chiringuitos de playa.

No hay sitio mejor desde el que disfrutar del mar, bueno… de la vista del mar.

Lo de la arena entre los dedos mientras tomas una cerveza y unos calamares grasientos no tiene precio…

… menos para mi primo Emilio, que no hay cosa que más odie que la arena entre los dedos de los pies.

Que sí, que hay hoteles de 5 estrellas que tienen su propio chiringuito en la playa, pero no es lo mismo.

Nos entendemos, ¿no?

Y ya empiezo.

La promesa: sobre el mensaje y las expectativas que crea

Se anuncia literalmente como “el Hotel más exclusivo de X de 5*”. (Lo de la X es mío por no nombrar la ciudad).

También publicita su “excelencia en el servicio”, entre otras muchas cosas que se dan por sentado en un hotel de 5 estrellas.

Yo vivo en X y, tras visitar su web, tenía curiosidad por conocerlo.

Una calurosa tarde de viernes fui con unos amigos a tomar una copa. El plan era explorar el sitio, ver la carta y decidir si reservábamos para comer el fin de semana.

Entramos en una de esas recepciones típicas de los hoteles boutique que parecen un pequeño salón recibidor.

Todo en colores neutros tirando a oscuros y con enormes cuadros abstractos.

La recepcionista, por supuesto vestida con un elegante traje de pantalón negro, estaba sentada detrás de una impresionante mesa de cristal con adornos de diseño.

Nos indicó el camino al jardín donde, además de tomar algo, podríamos hablar con el maître sobre la carta y los diferentes espacios con los que contaban para comer.

Hasta aquí todo como se esperaba, ¿no?

Y ahora empieza lo bueno…

La realidad: sobre lo fácil que es espantar a tus (potenciales) clientes

Ya sentados en el jardín, esta fue la “excelencia” del servicio:

  • La camarera no supo contestar ninguna de las preguntas que le hicimos y nos remitía constantemente a la carta. 🤔
  • Las aceitunas llegaron en un platillo sin gracia, sin palillos, ni servilletas. Y los huesos… a los setos.
  • El jardín, por supuesto con impresionantes vistas a la bahía, estaba pelado. Pero el maître nos aseguró que bajo el único, triste y desramado árbol estaríamos fenomenal. 🥵

Eso… o podíamos comer en el restaurante sin vistas, pero disfrutando del aire acondicionado. 🥶

  • Una vez sirvieron las bebidas, ni rastro de los camareros en el jardín, así que hubo que ir a pagar dentro.

Y mientras cobraba, el maître nos dijo:

— ¡Bueno, pues ya me llaman y me dicen cuándo quieren venir!

Acto seguido, le dio una sonora palmada en el hombro a Luis, que era el que estaba más cerca de él, y se despidió con un alegre:

— ¡Adiós, familia!

¿Volvimos a comer allí?

¡Pues no!

Y sí, fuimos a un chiringuito.

Consistencia: promesa y realidad tienen que ir de la mano

Vale, Gemma, ¿Y todo este rollo para qué?

Pues para que veas la importancia de que tu mensaje y tu producto, sea el que sea y conste de los elementos que conste, vayan a una.

Es esencial que haya consistencia entre ambos.

¿Quieres más ejemplos?

Esos restaurantes que anuncian cosas así:

  • “Comida casera”… y cuando pruebas la menestra te queda ese regusto a la lata de la que la han sacado.
  • “Menús elaborados con productos de temporada”… y tienen la misma carta desde hace cuarenta años.

A ver, que no es que tengas que especificar que tu menestra es de lata o que tienes fresas todo el año.

¡No es eso!

Pero tendrás que cambiar tu mensaje para evitar decepciones y espantadas de clientes potenciales.

Y entonces, ¿cómo lo vendo?

Se me ocurre esto:

  • Si tus lentejas y canelones son precocinados, en vez de “comida casera”, habla de “cocina popular”.
  • Si tu carta es de cuando tu abuela abrió el restaurante, no cambia de acuerdo a la temporada y los espárragos que pones en verano vienen de Perú, opta por “menú de toda la vida”.
  • Y en el caso del hotel, pues, o te aseguras de que el servicio sea realmente excelente a todos los niveles, o metes las tijeras al contenido de tu web.

Consistencia: esa es la clave para convencer y vender una y otra vez.

Es la clave para que un cliente potencial se convierta en un cliente fiel porque nunca se va a sentir decepcionado con tu producto o servicio.

Bueno, ya, pero…

¿Cómo me las apaño para encontrar el mensaje adecuado?

¿Cómo llego de “comida casera” a “cocina popular” y de “menús elaborados con productos de temporada” a “menú de toda la vida”?

Copywriting: una herramienta clave para alcanzar consistencia

El copywriting es la herramienta perfecta para que tu promesa encaje con la realidad de tu producto o servicio.

Para llegar al ajuste perfecto, los copywriters investigamos todo acerca de tu negocio: tu producto, tu imagen, tu servicio y sí, también tu competencia.

👍 Con el resultado de la investigación preparamos contenido que atraiga a tus clientes y que refleje fielmente quién eres y qué ofreces…

👎 … y que evite que se sientan timados.

También te digo, que, a veces, el copywriting no consiste en escribir, sino en desescribir, es decir, borrar todo aquello que no añade nada ni te ayuda a vender mejor tu producto.

Es como si los copywriters fuéramos ese peluquero que te hace un corte radical mucho más favorecedor que la melena que llevas desde que hiciste la Primera Comunión.

Aunque al principio te cueste acostumbrarte.

En realidad, es simple:

Si con tu web ya has llegado a tu cliente potencial, pero luego tu producto no responde a las expectativas que has creado…

… tu cliente va a optar por comer en un chiringuito.

Y eso es todo.

¡Adiós, familia!

P.D. Si eso… la sonora palmadita en el hombro ya te la das tú. 😜

Autora: Gemma | Copywriter con consistencia.

6 respuestas a «De cómo un exclusivo hotel de 5 estrellas se convierte en un chiringuito de playa [por falta de copywriting]»

Consistencia y no engañar.
Clave en tu negocio, tanto on-line como off-line.
A todos nos ha pasado alguna vez y realmente se te queda cara de «poker» (ademas del cabreo por sentirte estafado).
Todo de la mano y bien explicado.
Buen artículo Gemma.

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Gracias, Mar. Sí, se te queda cara de bobo cuando no recibes lo que esperas. Y el problema para el que vende es que ha perdido un cliente sí o sí.

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Pues eso, si tienes ganas de chiringuito, al chiringuito, pero si tienes ganas de hotel de 5*, ¡que sea realmente de 5*!

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Muy interesante el comentario porque además yo «sufri» esa experiencia y estoy de acuerdo que lo único que logran con esa falta de visión comercial y profesionalidad, es que nadie vuelva a sus instalaciones independientemente de la publicidad negativa que vaya propagando entre sus amistades de dicha ineptitud de imagen.

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